El vicio de leer

¿Es usted de esos que cuando pasa por el escaparate de una librería comienza a salivar cual perro de Paulov ante el tañir de una campana? ¿Las estanterías de su casa se arquean peligrosamente por el peso de los libros colocados a doble fondo? Cuando viaja, aunque sea por un solo día, ¿mete en la maleta no menos de tres novelas? Y si le regalan un libro, ¿lo abre cuidadoso, lo huele y recorre con sus dedos el papel de modo casi pecaminoso? Le daremos un diagnóstico claro: es usted un bibliómano. Pero no se avergüence, hay otros que han sufrido y sufren esta dolencia al igual que usted y, aunque difícilmente se cura, no es grave salvo casos excepcionales como el del compositor Charles-Valentin Alkan que falleció en marzo de 1888 aplastado por su biblioteca.

Jacques Bonnet en Bibliotecas llenas de fantasmas (Anagrama) nos cuenta esta anécdota y otras muchas con el trasfondo de la pasión por los libros. En este brillante y entretenido ensayo, nos lleva a través de anaqueles rebosantes, de colecciones privadas de más de 10.000 ejemplares, de obras que acaban ocupando cocinas, dormitorios y baños, del vicio de atesorar libros y de leerlos. Porque, a juicio del autor, existen dos tipos de bibliómanos: los coleccionistas (ya sean especialistas o amontonadores) y los lectores empedernidos. A los primeros les mueve la pasión por adquirir una obra y sumarla a su colección como un trofeo más, aunque no quiere decir que no lean: por supuesto que lo hacen, pero no es su objetivo primordial. A los segundos que, en consecuencia, acaban también acumulando innumerables volúmenes, les mueve el afán de devorar palabras y la curiosidad. Pero, como en todas las clasificaciones, siempre hay excepciones. Ese sería el caso de Umberto Eco tal como se trasluce en la larga entrevista compartida con Jean-Claude Carrièrre en Nadie acabará con los libros (Lumen) que conduce el periodista Jean-Phillippe de Tonnac. El autor de El nombre de la Rosa (con libros, cómo no, en el eje de la trama) reconoce que su biblioteca, repartida en varias casas, tiene 50.000 libros además de unos 1.200 libros raros, es decir, incunables –editados desde la aparición de la imprenta, 1453, hasta el año 1500 inclusive- o ediciones antiguas que ha ido comprando a lo largo de los años y que tienen un valor incalculable. Aunque tiempo atrás se deshizo de parte de su biblioteca, la colección que Carrièrre ha ido alimentando durante sus años de guionista con Buñuel o adaptando textos como Cyrano de Bergerac o La insoportable levedad del ser, cuenta con unos 40.000 títulos, de los cuales unos 2.000 son obras antiguas. En esta amena y extensa charla, plagada de curiosidades de otros bibliomaníacos como ellos, debaten acerca del libro como objeto de culto, del deseo, de la censura, como objeto de diseño perfecto e inmejorable que puede evolucionar con el tiempo, tomar nuevas formas y componentes pero que nunca perderá su esencia, algo que lleva siglos demostrando. Ambos revelan su devoción bibliográfica y los orígenes de ella, su emoción ante la adquisición del ejemplar deseado, los miedos ante un robo o un incendio que esquilme sus bibliotecas.

También bibliómano se confiesa Jesús Marchamalo en Tocar los libros (Fórcola) un librito con prólogo de Luis Mateo Díez en el que, con el humor que caracteriza al autor, se habla de cómo las bibliotecas particulares retratan perfectamente a sus dueños, sus debilidades, sus amores y sus manías. Marchamalo se desnuda mostrando la suya (su biblioteca) y la de otros como Lampedusa, Galdós, Unamuno, Azorín, Luis Landero, George Perec, Susan Sontag, Patrick Suskind o Cortázar. Y es que tal como dice Marchamalo: “hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conservarlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro”. En definitiva, tres deliciosos acercamientos al mundo bibliográfico, a una pasión muchas veces irrefrenable e incontenible cuyo punto de ignición está en 451 grados Fahrenheit y que se apaga sólo tomando en las manos un libro y sumergiéndonos en el universo que nos presenta.

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Delicias a domicilio

Una magdalena mojada en té fue suficiente excusa para que Marcel Proust emprendiera la magna tarea de escribirse los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido y pasara a la historia como uno de los autores más aclamados. Magna tarea, aunque recomendable, es también leerse las más de 3.000 páginas de la heptalogía. Lo suyo, fue con nocturnidad, nos referimos al episodio de la magdalena, pero hacía recordar al protagonista los desayunos de domingo con su tía en Combray. Otro desayuno archiconocido es el que Capote ideó en Tiffany’s y que ha pasado a la historia convertido en celuloide y mito gracias a Audrey Hepburn y los acordes de Moon River. Y cómo olvidarnos de aquella gran serie, Médico de Familia, en la que todo el tiempo estaban desayunando, por exigencias del guión. Con todo esto, lo que queremos decir es que además de las referencias más o menos culturetas, el desayuno es la comida más importante del día y prescindir de ella conlleva decaimiento, mal humor, falta de concentración y bajo rendimiento físico e intelectual. Miren a su alrededor y seguro que encuentran a más de uno que no ha desayunado hoy…

Dicen los expertos que el desayuno más recomendable está basado en la dieta mediterránea y que debe aportar el 30 por ciento de las calorías que se consumen en un día. Esto se traduce en que un desayuno ideal tiene que estar compuesto por fruta, algún lácteo (leche, queso o yogurt) e hidratos de carbono inmersos en suculentas galletas, pan, cereales o magdalenas y bizcochos evitando que estos últimos sean de fabricación industrial. También los expertos –qué recurrida fuente- aconsejan que le dediquemos como mínimo unos 15 minutos en un ambiente tranquilo a este imprescindible placer diario. Y no seremos nosotros quienes enmendemos la plana a los que saben, es más, queremos aportar nuestro granito de arena con una serie de propuestas para comenzar el día con una sonrisa.
Tele Desayuno es una de las empresas pioneras en España y ofrece desayunos a domicilio (en todo el territorio) para una o dos personas en múltiples variedades que van desde una cesta clásica con café, té, (en termo para que no se enfríe) bollería artesanal, mermeladas, zumo, miel, cereales, una botellita de cava, pasando por la Mediterránea que cuenta con pulguitas de jamón serrano, de atún y tortilla de patata, una destinada a los celíacos, o la de Cumpleaños que viene con tarta de chocolate incluida. Todas las cestas llevan los utensilios necesarios para disfrutar de todo lo que contienen –tazas, cubiertos, copas, servilletas…- y además se pueden personalizar en función del destinatario o completar con otros pequeños regalos como globos, peluches, velitas perfumadas, bombones, prensa o incluso que junto a la cesta llegue a nuestra casa un masajista o un grupo de mariachis cantando aquello de “Estas son las mañanitas…” Eso sí, estos dos últimos servicios sólo están disponibles en Madrid. También en la capital, aunque pronto llegarán a otros lugares, el equipo de Le Pain Quotidien, ofrece a domicilio sugerencias cosmopolitas como sus desayunos Paris o Nueva York que incluyen panes ecológicos con pasas, nueces o cereales, chocolate o mermelada belgas, queso, brioches etc.

¿Cuántas veces habremos visto en las películas y series americanas al protagonista recogiendo en la puerta de su casa la botella de leche? Pues aquí también es posible ver esa imagen. Priégola lleva distribuyendo leche fresca (ordeñada, pasteurizada y envasada la noche anterior) a domicilio desde 1942, aunque sólo en la Comunidad de Madrid. En los últimos tiempos han añadido al reparto nata, yogures y queso elaborados con la leche de sus vacas que disfrutan del llamado Cow Confort, una serie de técnicas para favorecer el bienestar del animal, algo así como régimen de spa en versión rumiante. Madrid y Barcelona son las ciudades en las que se pueden disfrutar los desayunos de Matías Buenos Días. Realizan un reparto -se puede contratar de modo fijo o puntual- puerta a puerta antes de las 8 de la mañana con panecillos, cruasanes, magdalenas y otros dulces placeres recién hechos y, si lo solicitamos, pueden incluir la prensa del día. Además disponen de cestas especiales como la de San Valentín, San Jordi, para peques o para los apasionados del té, el chocolate o la fruta.

Y de fruta saben mucho los de Fashion Fruit –no en vano fue la primera empresa que a finales de los 90 comenzó a enviar cestas de fruta a domicilio en nuestro país- que entre sus coloridas presentaciones incluyen una de Buenos Días en cuyo interior podemos encontrar, además de fruta, café, zumo, una selección de tés e infusiones, tostas de pan y chocolatinas. También para los que aún no se hayan acostado pueden contar con las cestas Cóctail de Daiquiri, Destornillador o Caipirinha de espectacular presentación y contenido principal, obvio. Los más ecológicos también pueden tener sus productos a medida para empezar el día sin moverse de casa. Ecoindalo es una pequeña empresa familiar almeriense que se dedica a la distribución directa de las frutas y verduras de temporada que cultivan sin pesticidas ni abonos químicos. Comercializan en toda la península y disponen de rutas fijas en Madrid y Almería. Una apuesta similar es la de Doctor Veg cuyos productos se cultivan en una huerta gerundense y su reparto se circunscribe a Cataluña. Y en esta misma línea, una amplia selección de productos ecológicos como panes rústicos, aceite de oliva, cereales, miel multifloral, mermelada artesana etc. llenan las diferentes cestas de desayuno de Selección Natural.

Y no podemos olvidar del clásico por excelencia del desayuno español: los churros. Aunque las churrerías de barrio de toda la vida son una especie en extinción y todavía son menos las que se ocupan del reparto domiciliario, aún quedan algunos lugares en los que disfrutar de este manjar por el que los extranjeros nos envidian y que devoran a mucha mayor velocidad que a la que aprender a pronunciar el nombre. En Madrid, escondida tras el Mercado de Maravillas (los mercados de abastos, otra especie candidata a entrar en el convenio CITES) se encuentra la diminuta churrería La Andaluza que, aunque ellos no alardeen, está reconocida como una de los mejores de Madrid y no lo decimos nosotros solos, pregúntenle a Abraham García, por ejemplo. También sirven a domicilio y empresas aunque en un radio cercano ya que si la mercancía se enfría, ya no es lo mismo. En Barcelona, en la calle Petritxol, se concentran algunas de las más tradicionales churrerías de la ciudad como la Granja Dulcinea o La Pallaresa algunas de las cuales también distribuyen a domicilio.

Ahora sólo nos queda decidir ¿En tu casa o en la mía?

www.teledesayuno.com
www.lepainquotidien.com
www.matiasbuenosdias.com
www.fashionfruit.es
ecoindaloblog.blogspot.com
www.doctorveg.es
www.lapallaresa.com/la_pallaresa/home.html
www.seleccionatural.es

Publicado en www.notodo.com (Junio 2010)

Desayunos a domicilio ¿En tu casa o en la mía?

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Sobre perturbados y perturbaciones


Perturbar. (Del lat. perturbāre).

  1. 1. tr. Inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o de alguien.

Inquietantes en ocasiones, sorprendentes a veces y perturbadoras siempre, así son las historias que componen la antología que nos ocupa. No esperen ustedes encontrar elfos, magos, orcos o escobas voladoras, pero sí elementos que rompen los límites de lo racional y de lo cotidiano retando al intelecto del lector.

Una nómina de 26 autores perturbadores, que no perturbados –al menos eso creemos– aparecen en este libro auspiciados por su editor y antólogo, Juan Jacinto Muñoz Rengel, empeñado en demostrar la buena salud del relato de ficción en España. Lo mejor de todo es que lo consigue.

Organizado con criterio cronológico, la obra muestra una panorámica de tres generaciones, la primera a la que pertenecen los decanos del género como José María Merino o Cristina Fernández Cubas, una segunda generación que incluye nombres como Ángel Olgoso o Manuel Moyano y un último grupo de escritores nacidos en los 70 que, si bien algunos menos conocidos, pronto dejarán de serlo tomando el testigo de los anteriores. Entre ellos se encuentran nombres como los de Felix J. Palma, Oscar Esquivias o Miguel Ángel Zapata.

Algunos autores se ‘cuelan’ por derecho propio con microrrelatos de excelente maestría como es el caso de los de Juan Pedro Aparicio, Fernando Iwasaki y Miguel Ángel Zapata.

Perturbaciones es un texto mimado, desde la cuidadosa selección de autores y textos, hasta el refrescante y magnífico prólogo – plagado de toques de humor, no se diga que lo sesudo y filosófico está reñido con la diversión– en el que se aventura a dar una definición de lo fantástico, pasando por el diseño y la edición. Es una grata sorpresa encontrarse un libro actual sin errores gramaticales o léxicos de esos que nos hacen pasar últimamente por erratas, cuando no lo son. ¿Dónde se han metido los correctores de estilo? Bueno, esa es otra historia, que también perturba a algunos.

En definitiva, adéntrense este verano en estas páginas, pongan a buen recaudo su escepticismo y permitan que estas vetas de ficción resquebrajen su realidad ¿Quién no ha querido o temido que un sueño se hiciese realidad? ¿Alguno de ustedes nunca pensó en pedirle cuentas a Dios? ¿Y si vagara entre sus familiares y amigos sin darse cuenta de que hace tiempo dejó de pertenecer al mundo de los vivos? Son historias cotidianas como otras cualquiera y cuando se acostumbren a ellas, si una mañana se despiertan y notan que su espalda está dura como un caparazón, quizá ya no se sorprendan tanto.

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“La cocina es la más conservadora de todas las artes”

 

Por Esther Peñas

“La cocina puede ser arte cuando el comer deja de ser necesidad”. Con estas palabras el IV conde Sert (Francisco; Barcelona, 1940) comienza su delicioso, suculento y sabroso ensayo ‘El Goloso. Una historia europea de la buena mesa’ (Alianza Editorial). Sazonado con numerosas anécdotas, emprende un viaje con sugerentes parada y fonda: desde los primeros documentos gastronómicos (unas tablas micénicas del siglo XIV a.C), los banquetes de Lúculo (el gran anfitrión de todos los tiempos), los siete cocineros míticos de Grecia, pasando por la cocina del Medievo, la nouvelle cuisine y varando en el gran revolucionario, Adrià, todos son desmenuzados, saboreados y deglutidos. Buen provecho.

 

 

el-golosoEn España, ¿hay más golosos o glotones?

España era tierra de glotones, porque era tierra de hambre, pero el cambio, lo que hemos conseguido gracias a estos treinta años de democracia coronada, es justamente lo contrario, que empiece a haber golosos. Este es el gran cambio de España, que ha pasado de un país de glotones a uno de golosos, que ocupa los primeros lugares de la gastronomía mundial, un indicador del nivel de vida de los españoles.

 

Aunque lo detalla en el libro, ¿cuáles han sido los momentos determinantes en el impulso de la gastronomía en Occidente?

Clarísimo el primero, la Revolución Francesa, el inicio de la modernidad en la cocina, debido a que la mayor parte de las castas de la nobleza tienen que emigrar y los cocineros que les servían se quedan en el paro y nos les queda otra que montar sus restaurantes, dando lugar a la gastronomía culta, pública. Antes era privada, ésa es la gran revolución. Los principios de la revolución francesa los asume la burguesía, también los gastronómicos, y en el siglo XIX nos encontramos con el siglo de Oro de la gastronomía, iniciado por Carême, siendo su gran momento los últimos años del siglo y los primero del XX, fundamentalmente gracias a tres cocineros: Escoffier, Montagnè y Nignon, los grandes de la ‘Belle Epoquè’. Y tuvo tanta importancia que durante el Congreso de Viena (1814-1815) se dice que fue gracias al cocinero Carême y al anfitrión Talleyrand, que Francia, país que debía de ser ‘castigado’ por la estela de Napoleón, siguió conservando su estatus como primera potencia. Esas pautas que establecen estos cocineros llegan hasta 1970, con la nouvelle cuisine, de la mano de de Troisgros y Bocuse.

La segunda gran revolución, tras la francesa, hay que fijarla en un nombre: Ferrá Adrià.

 

Habla de exceso, de la horterada de los banquetes romanos. ¿Qué parte de estética tiene degustar la comida?

Toda. No hay ética sin estética. Toda buena cocina tiene que tener su estética.

 

Leyendo su ensayo uno se da cuenta de que apenas hay lugar para el azar en la gastronomía…

No creo demasiado en el azar, las cosas, cuando se trabajan y se hacen bien, salen. Y eso lo aplico en todos los niveles de la creación, y la cocina forma parte de estos niveles.

 

Observando los menús de las distintas cortes europeas y de los grandes banquetes, uno observa que cada vez tenemos menos saque…

Sí, tenemos menos saque porque somos cada vez más sedentarios, pero en las épocas feudales, e incluso hasta el siglo XVIII, la gente se movía y trabajaba mucho más en todas las clases sociales, por consiguiente consumían más energía y, al hacerlo, tenían que comer más. Ahora somos tan sedentarios que con pocas calorías que consumamos nos hacemos, por eso, cuando no las quemamos, aparecen los casos de obesidad. Es una paradoja, que en Occidente tengamos ese índice de obesidad mientras fuera de nuestras fronteras se mueren de hambre.

Pero estos menús, denominados ‘a la francesa’, en los que se servían cuatro o cinco servicios, una barbaridad de alimentos diferentes, no significa que se lo comieran todo, sino que la gente picoteaba.

 

Hablemos de críticos. Los de hoy en día, ¿a quien se asemejan

más, a Voltaire, feligrés de la comida exuberante, o a Rousseau, más espartano en el mantel?

Los críticos debieran semejarse a Voltaire, evidentemente; la crítica gastronómica comienza, como todo, en el XIX, con Reñiré. Ellos disfrutaban con la comida y eran grandes comedores. De Rousseau, nada. Todo lo contrario.

 

¿Es cierto que la crítica gastronómica va unida a la derecha?

No diría a la derecha, pero sí a los conservadores. La cocina es la más conservadora de todas las artes hasta que ha llegado Adriá, y los críticos gastronómicos son muy conservadores dentro y fuera de los fogones. Desde que se inició el oficio. Hay dos excepciones: Javier Domingo, como anarco, y Manolo Vázquez Montalbán, comunista, grandes defensores de la cocina popular.

 

En los críticos gastronómicos, ¿hay muchas impostura, como la que usted ejemplifica con la anécdota de los callos de Lhardy, en la que no supieron distinguir cuáles eran los de la casa?

Bueno… sí… impostura hay en toda la crítica, y la gastronómica en esto no se salva, pero no es particularmente impostora. A la mayoría de críticos les gusta comer y lo hacen lo mejor que pueden, pero es obvio que nunca se hace a gusto de todos, porque si hay algo por completo subjetivo es la crítica, y mucho más en los casos de comer. A uno le gusta un tipo de cocina y a otro otra.

 

La Guía Michelín, la que impulsó la pluma de Curnonsky, ¿es algo ya superado?

No, a pesar de las disensiones de algunos cocineros, la Guía Michelín sigue siendo la biblia roja; comete fallos, como toda crítica, pero a grandes rasgos es bastante fidedigna y uno puede confiar en ella. Que no se le deba hacer tanto caso, es otra cuestión, pero que es la crítica más objetiva, la más creíble en el mundo, sin duda.

 

Recuerdo la anécdota que describe a propósito del cocido su restaurante, Lúculo, con foie y trufa, rechazado por la trasgresión. ¿Hay mucho purista en la gastronomía?

Hoy en día no se puede ser purista… quizás los franceses son los más puristas en este terreno, porque estuvieron desde 1904 hasta 1974 gobernados por la ‘Guía culinaria’ de Escoffier.

 

¿Cómo andamos, los españoles de hoy en día, en cuanto al placer del buen yantar?

Podemos estar muy satisfechos porque estamos en la vanguardia de la gastronomía; estamos viviendo el momento más glorioso de la gastronomía catalana y, por consiguiente, española: Adriá, Santamaría, Rocca, Ruscalleda… por no hablar de la vasca: Martín Berasategui, Arzak, Andoni Luis Aduriz…

 

Aparte de esa querencia suya por la perdiz deshuesada con coles, ¿cómo sería un menú insuperable?

Para comenzar, unas ostras enormes para comerlas por quintales, seguidas de un timbal de langostinos. Después, becada, soy un gran defensor de la becada, la reina de la caza, de las aves de pluma, por tanto pediría una becada en salmis, muy pasadita; proseguiría con un plato sensacional, la langosta al unto del cerdo, un plato que lo creó un cocinero genial, Ángel García, que mezcla la sutileza de la langosta, con unas patas guisadas, con la tosquedad deliciosa del cerdo. Éste es un plato extraordinario. Y acabaría con un suflé de trufa, no de chocolate, claro. Y para beber, como hay mezcla de tantas cosas, escogería un champagne, tal vez un Abelé Rosé.

 

 

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El pollo, el pez y el cangrejo real

el_pollo_el_pezEl vino, la comida y sus rituales han ocupado infinidad de páginas de la literatura universal y numerosísimas secuencias de cine, de las que iremos hablando en este blog.

Inauguramos el campo cinematográfico con un documental titulado El pollo, el pez y el cangrejo real. En él, de la mano de José Luis López Linares, seguimos las peripecias de Jesús Almagro quien, tras ganar el Campeonato de España de Cocineros, se presenta al prestigioso concurso internacional Bocuse d’Or. Es una historia de superación, con momentos intensos y entrañables, amena y bien contada y altamente recomendable para aquellos que quieran conocer lo que hay detrás de la alta cocina y los que quieran ver un documental canónico de esos que reconcicilian a uno con la profesión

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